Guía práctica y descargable
Introducir la inteligencia artificial en casa con criterio.
Una guía breve para hablar antes de usar, acordar para qué sirve la IA, proteger la privacidad y convertir cada respuesta en una oportunidad para pensar.
1. Empezar por el propósito, no por la herramienta
Antes de elegir una aplicación, conviene decidir para qué puede resultar útil en vuestra casa. Aprender una idea, practicar, buscar una explicación diferente, imaginar una historia o preparar preguntas son usos concretos. «Que haga cualquier cosa» no ofrece al niño un criterio para saber cuándo utilizarla.
2. Cuatro acuerdos sencillos
No compartir datos personales
Nombres completos, direcciones, contraseñas, colegio, fotografías o información privada de otras personas no forman parte de una pregunta.
Comprobar lo importante
Si una respuesta afecta a un trabajo, a la salud, a la seguridad o a otra persona, se revisa con una fuente o con un adulto.
Pedir ayuda cuando algo incomoda
Una respuesta extraña, confusa o preocupante se enseña a una persona adulta; no hay que resolverla a solas.
Usarla para avanzar, no para ocultar
Si la IA ha ayudado en una tarea, el niño debería poder explicar qué ha aprendido y qué parte ha hecho por sí mismo.
3. Las diez preguntas que una familia puede hacer a cualquier IA
- ¿Dónde se procesan las conversaciones?
- ¿Se envían a una empresa o a servidores externos?
- ¿Qué datos se guardan y durante cuánto tiempo?
- ¿Puede configurarse la edad del menor?
- ¿Permite definir pautas familiares?
- ¿Cómo responde ante un tema sensible?
- ¿Ayuda a aprender o entrega directamente la solución?
- ¿Distingue entre educación, creación y apoyo emocional cotidiano?
- ¿Puede revisarse o eliminarse lo que recuerda?
- ¿Qué ocurre cuando no hay internet?
4. Una rutina para los deberes
La IA puede ser útil si se incorpora después de un primer intento. El niño lee la tarea, marca dónde se bloquea y formula una pregunta concreta. La respuesta debería ofrecer una pista o un ejemplo. Después, el niño continúa y explica con sus propias palabras lo que ha entendido.
Pregunta que sustituye
«Hazme este ejercicio y dame la respuesta».
Pregunta que enseña
«No entiendo el primer paso. ¿Puedes explicarlo con un ejemplo parecido?»
5. Hablar de errores sin perder la confianza
Una IA genera respuestas plausibles y puede equivocarse. Para un niño, es útil comparar dos explicaciones, buscar una palabra en una fuente fiable o preguntar «¿cómo puedo comprobarlo?». Detectar un error no es un fracaso de la actividad: es una habilidad digital importante.
Las personas adultas tampoco necesitan conocer todas las respuestas. Pueden acompañar el proceso con preguntas: «¿Qué parte te convence?», «¿qué dato comprobarías?» o «¿puedes explicármelo sin mirar?».
6. Curiosidad y creación
La IA no tiene por qué limitarse a tareas escolares. Puede proponer un experimento seguro, explicar por qué cambia el cielo al atardecer o iniciar una historia y dejar que el niño decida qué ocurre después. La clave es conservar espacio para elegir, imaginar y preguntar de nuevo.
7. Emociones y temas sensibles
Una herramienta puede ayudar a poner nombre a un enfado o proponer una pausa sencilla. No es terapia y no sustituye la ayuda de una persona. Si aparece miedo, daño, peligro, salud o una situación que preocupa, el paso adecuado es hablar con un adulto de confianza y buscar ayuda profesional cuando sea necesaria.
En una IA familiar, los avisos deberían estar pensados para facilitar ese acompañamiento, no para convertir cada conversación en vigilancia. El niño necesita entender qué tipo de temas requieren apoyo adulto.
8. Revisar los acuerdos con el tiempo
La edad cambia, los intereses cambian y la familia aprende. Reservar diez minutos cada pocas semanas para revisar qué usos han sido útiles, qué respuestas han generado dudas y qué límites necesitan ajustarse evita que las reglas se conviertan en algo desconectado de la experiencia real.
Lista de comprobación familiar
- Hemos acordado para qué queremos utilizar la IA.
- El niño sabe qué datos no debe compartir.
- Sabemos dónde se procesan y guardan las conversaciones.
- La experiencia está adaptada a su edad.
- En deberes, pedimos pistas antes que soluciones.
- Comprobamos la información importante.
- El niño sabe acudir a un adulto si algo le preocupa.
- Tenemos un momento previsto para revisar los acuerdos.
Cómo encaja Famil·IA
Famil·IA es un prototipo que intenta convertir estos acuerdos en parte de la propia experiencia: funcionamiento local, perfiles por edad, modos con objetivos distintos, pautas configuradas por la familia, memoria revisable y avisos en el panel del tutor ante temas sensibles.
La demo de la web permite comprender cuatro modos con ejemplos predefinidos. No conecta con la IA real y no recoge conversaciones. Si quieres participar en próximas pruebas, el formulario de la portada está dirigido exclusivamente a personas adultas.
Guía elaborada por el proyecto Famil·IA. Versión 1.0 · 13 de septiembre de 2026.